El
sobrepeso
y
la
obesidad
están
fuera
de
control.
En
la
Argentina,
más
del
20%
de
la
población
sufre
obesidad
y
más
del
60%
padece
de
sobrepeso.
Se
calcula
que
para
2015
habrá,
a
nivel
global,
aproximadamente
2300
millones
de
adultos
con
sobrepeso
y
más
de
700
millones
con
obesidad.
Todo
indica
que
la
obesidad
es
una
escandalosa
crisis
de
muerte
lenta.
Los
profesionales
de
la
salud
debemos
ser
activos,
cambiando
entre
todos,
nuestra
mirada
sobre
la
obesidad.
Para
ello,
considerarla
patología
y
no
mero
problema
estético,
es,
sin
duda,
un
imprescindible
primer
paso.
En
la
Argentina,
la
Ley
de
Obesidad
(26.396)
establece
que
la
obesidad
es
una
enfermedad
y
un
problema
sanitario,
es
decir,
que
deben
adoptarse
políticas
de
gobierno
dirigidas
al
público
que
padece
esta
patología.
Gracias
a
esta
legislación,
los
tratamientos
para
bajar
de
peso,
incluidas
las
alternativas
quirúrgicas,
deben
estar
incluidos
en
el
Programa
Médico
Obligatorio
(PMO)1.
La
mayoría
de
los
casos
de
obesidad
son
de
origen
multifactorial.
Se
reconocen
factores
genéticos,
metabólicos,
endocrinológicos
y
ambientales.
Sin
embargo,
la
obesidad
por
sobrealimentación
asociada
a
sedentarismo
constituye
la
principal
causa.
En
los
últimos
años,
la
Organización
Mundial
de
la
Salud
(OMS-‐WHO)
y
la
Organización
de
la
Naciones
Unidas
para
la
Agricultura
y
la
Alimentación
(FAO)
han
señalado
que,
tanto
en
los
países
industrializados
como
en
los
países
en
vías
de
desarrollo,
se
está
presentando
un
cambio
fundamental:
la
transición
nutricional.
Se
trata
del
cambio
que
va
desde
un
consumo
de
alimentos
mínimamente
procesados,
con
alta
densidad
nutricional,
caseros,
asociados
a
vidas
activas,
a
la
ingesta
de
alimentos
de
alta
densidad
calórica
y
baja
densidad
nutricional
sumados
a
un
sedentarismo
casi
obligado.
Este
fenómeno
es
resultado
de
la
interacción
de
factores
de
índole
económico,
cultural
y
emocional.
Entre
otros,
se
pueden
citar
el
incremento
en
la
producción
y
el
variedad
de
alimentos,
el
aumento
en
el
tamaño
de
las
porciones,
las
limitaciones
de
tiempo
para
preparar
alimentos
y
comer
en
casa
comida
casera,
el
ritmo
de
vida
cada
vez
más
acelerado,
la
difusión
del
modelo
de
delgadez
como
sinónimo
de
belleza
y
éxito,
el
avance
de
la
tecnología
y
el
progreso.
Todo
esto
ha
generado
una
situación
paradójica:
por
un
lado,
existe
sobrealimentación
asociada
a
obesidad,
mientras
que,
por
el
otro,
persiste,
en
algunos
sectores
de
la
población,
la
desnutrición.
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